Los discípulos de Emaús

Por: Carola Foster

Año de la obra

1602

Artista

Caravaggio (1571-1610)

Técnica

Óleo sobre lienzo 140 cm de alto x 197 cm de ancho

Lugar de exposición

The National Gallery, London

La contemplación de esta obra de Caravaggio requiere que dispongamos nuestro corazón para poder escuchar lo que el Señor nos quiere decir a partir de cada uno de los personajes y elementos que aparecen en esta pintura. Es por ello, que en primer lugar, los invito a leer el Evangelio de San Juan (24, 13-35) que relata la escena que el artista decidió plasmar en esta obra de arte.

Recorrido de la obra:*

La escena se centra en el momento en el que los dos discípulos reconocen al Cristo resucitado. Caravaggio congela ese momento, lo hace permanente. En esta pintura, captura el dramatismo del momento, el segundo exacto en que los discípulos de repente comprenden quien ha estado frente a ellos desde el inicio. 

¿Qué es lo primero que veo?

Me encuentro con dos discípulos y el posadero. La mirada de ellos dirigen nuestros ojos hacia la figura de Cristo, que ocupa el centro del cuadro.

  • Cristo Resucitado está representado sin aureola, con los rasgos del Buen Pastor, imagen frecuente a lo largo de la historia del arte y especialmente en el arte paleocristiano: un joven sin barba, que simboliza la promesa de vida eterna. Sus manos están en el centro de la obra porque ese es el gesto con el cual sus discípulos lo reconocerían.
  • Cleofás se levanta de la silla, empujándola hacia atrás, y muestra en primer plano el codo doblado en escorzo, que avanza hacia nosotros. A pesar de que casi no muestra el rostro, podemos ver su asombro, su sorpresa… casi adivinar su cara, sus ojos… sus gestos.
  • El otro discípulo, que no sabemos su nombre, que tiene la concha marina sobre el pecho (propia de los peregrinos del camino de Santiago) abre los brazos con un gesto de total asombro, que parece copiar simbólicamente la cruz.
  • El posadero, de pie contempla la escena interesado, pero sin consciencia, no capta el significado del episodio al que está asistiendo, ya que sólo los discípulos son capaces de reconocerlo por su gesto de bendecir los alimentos… tiene su cabeza cubierta… ¡No lo reconoció!

Característico de la obra de Caravaggio, es la representación de los personajes de manera cercana a la realidad, sus modelos son personas reales. Esta característica del autor responde a que este fue un momento en el que la Iglesia sintió la necesidad de comunicar su mensaje directamente a los fieles, y exigía a los artistas una claridad particular de la representación.

¿Qué participación tenemos como espectadores?

El primer plano de la mesa está desocupado, invitándonos a participar del encuentro. Es una invitación silenciosa a entrar allí entre los dos discípulos… ahí está tu espacio, tu lugar para compartir el Pan y la Palabra.

¿Qué nos quiere decir con la iluminación?

El tratamiento de la luz es fundamental en esta obra. Caravaggio es el gran maestro del tenebrismo, que es ese contraste violento entre luces y sombras, un cierto efecto escenográfico. El uso de los blancos que guían nuestros ojos en la lectura de la obra. Ingresamos por la espalda de Cleofás y cada movimiento y color nos va  llevando en una lectura elíptica. La venida de Cristo está simbolizada por el haz de luz reflejado a través del vidrio sobre el mantel, que puede entenderse como un símbolo del nacimiento virginal: la luz penetra en el vidrio sin romperlo.

¿Qué otros elementos observamos?
  • La fuente con frutas al borde de la mesa, haciendo equilibrio, casi a punto de caer. Invitándonos a corregir la ubicación, a correrla hacia adentro. Una gran invitación a interactuar con la obra.
  • Un ave que ha sido cocinada para la ocasión, imagen del patetismo de la mortalidad, así como también lo son los frutos marchitos recogidos en el cesto.
  • La manzana, picada, casi podrida, es un símbolo de la tentación y de la caída del hombre.
  • Las hojas de parra, símbolo de aquella consciencia de desnudez tras el Pecado Original, el cual ha sido ya redimido por la Muerte y Resurrección constatada.
  • El pan como símbolo de El cuerpo de Cristo.
  • Las uvas, simbolizan el sacrificio de Cristo. Son la fuente del vino, que se convierte en la Sangre de Cristo.

Para finalizar les propongo una frase del libro Reflexiones sobre Textos del Evangelio de San Lucas escrito por nuestro Padre Fundador: 

“Cada vez que el anochecer invada nuestro corazón, que las tinieblas oscurezcan nuestros sentidos, que el cansancio debilite nuestras fuerzas, Señor quédate con nosotros porque anochece. No le pedimos que nos quite de la oscuridad, sino que Él nos acompañe en la oscuridad, porque en todo caso, ese modo de oscuridad, sea el que fuere, asumido con el Señor se transforma en cruz, y transformado en cruz, es siempre redentiva, salvífica, “Señor quédate con nosotros porque anochece” (Volumen III, Página 265)

 

*Para seguir el recorrido te invitamos a descargar el siguiente archivo que tiene ampliaciones de los elementos que analizaremos:

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