Pamela Suárez ingresó a la Fraternidad Apostólica Santa Catalina de Siena en 2022 y, en 2024, realizó su primer compromiso temporal. Hoy asume la misión de trasladarse a España para realizar un nuevo tramo de formación y acompañar a las comunidades de Valencia, Barcelona y Madrid.
¿Cómo fue tu comienzo en Fasta?
En 2005, cuando cursaba segundo año de secundaria en el Colegio Reina de la Paz, fui invitada a participar del Ruca Aluminé como adalid menor. Desde entonces, mi vida quedó unida a Fasta.
Durante esos años en las menores asumí distintos mandos, como jefa de Herederas. También fui parte de la Agrupación Milicianos y, luego, en la mayor, tuve mi convivio.
¿Tuviste una experiencia de misión en San Martín de los Andes?
Sí, así fue. En 2018 me ofrecieron estar de misión en San Martín de los Andes y ser profesora en primaria y secundaria del Colegio Miguel Ángel Tobares. Durante cuatro años estuve participando y acompañando a Ruca Calquín como Jefa de Femenina y Jefa de Ruca.
¿Cómo fue el momento en el que sentiste el llamado a la vocación de laica consagrada?
Hubo dos momentos en mi vida en los que sentí el llamado de Dios a vivir una vida como consagrada. El primero ocurrió cuando tenía entre 19 y 20 años, durante un retiro de milicianas. Allí tuve un encuentro muy personal con el Señor y comencé a preguntarme qué quería Dios para mi vida.
El segundo momento importante fue cuando estaba viviendo en San Martín de los Andes. En ese tiempo volvió a surgir nuevamente esa pregunta, pero con mucha más fuerza; y esa inquietud llevó a que retomara la pregunta sobre mi vocación.
¿Cómo descubriste que tu lugar eran las Catherinas?
En ese momento estaba viviendo la experiencia de misión en el Sur, y eso marcó mi vida. A partir de allí comprendí que mi lugar en la Iglesia era Fasta.
La parábola de los talentos también fue muy importante en mi tiempo de discernimiento y fue la que me ayudó a comprender que, si Dios había puesto esta inquietud en mi corazón, en algún momento yo le tendría que responder qué había hecho con ese llamado.
También fue muy importante la presencia del Padre Fósbery y de las Catherinas cuando estaba viviendo en San Martín, ya que durante ese tiempo pude compartir con ellos y conversar. Además, el testimonio de fidelidad y perseverancia en la vocación del Cura fue un verdadero regalo que me ayudó a profundizar en mi propio discernimiento.
¿Qué comunidades pudiste acompañar desde que sos catherina?
Tuve la oportunidad de estar en la comunidad de Flores y en la región norte. Viví en la Casa de las catherinas de la jurisdicción de Jujuy. Esta última fue una experiencia de misión que reafirmó mi vocación.
¿Con qué misión viajas a España?
Voy a hacer un máster en Matrimonio y Familia en la Universidad Católica de Valencia, dictado por el Instituto Juan Pablo II. Además, estaré acompañando a la comunidad de Fasta en España, tanto al ruca, los convivios y los colegios, entre otros espacios de la comunidad.