El Adviento nos coloca frente a las 2 venidas de Jesús, la primera que ya aconteció en la Encarnación, misterio que contemplamos en la Navidad, y la segunda venida, que será la Parusía, cuando el Señor instaure definitivamente su reino en la tierra.
En el inicio del Adviento, la Iglesia nos lleva a contemplar la segunda venida del Señor, como lo refleja el Evangelio que vamos a escuchar en la Misa, que ahora te invito a leer.
En aquél tiempo Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noé. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca; y no sospechaban nada, hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada.
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor.
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.
Palabra de Dios.
Para profundizar en el sentido de la preparación y la espera en la Parusía, te invito a meditar esta hermosa homilía del P. Fundador:
Prepararnos para la segunda venida (Mt. 24, 1-51)
La Iglesia quiere prepararnos para comenzar el tiempo de Adviento, que nos lleva hacia la Navidad, hacia el nacimiento del Señor, recordándonos que esta venida del Señor, en el misterio de la encarnación, ya ha ocurrido y que la Iglesia va hacer nuevamente presente las gracias de esta venida del Señor a través de la liturgia de la Iglesia.
Sin embargo, quiere que recordemos también que esta venida del Señor, adelanta y prepara, la otra venida, la que todavía no ha ocurrido. Aquella en que el Señor vendrá como juez glorioso de vivos y de muertos (Mt. 25, 31-46).
La Iglesia quiere que los cristianos no hagamos de la Navidad un simple recuerdo sensible de un Niño tierno que nos ha nacido, sino, quiere que recordemos que esta primer venida ha sido para la segunda, la que todavía no ha ocurrido y va a ocurrir.
Que esta primera venida es un tiempo de misericordia, y que la segunda venida del Señor, será el tiempo definitivo de la justicia.
Y entonces no podemos prepararnos para recibir el nacimiento del Señor, sin estar preparados aguardando su segunda venida, y su juicio. Y el único modo de aguardar esta segunda venida y su juicio, es desde la conversión del corazón, volviéndonos hacia Dios, en el amor a Dios y al prójimo, porque vamos a ser juzgados en el amor y en la justicia.
De modo que preparemos nuestro espíritu en este tiempo de Adviento, como un tiempo de gran esperanza. Y no nos detengamos solamente en el recuerdo del Niño que nos va a nacer, en el recuerdo de este signo de salvación, que es ese Dios encarnado, envuelto en pañales, y recostado en un pesebre (Lc. 2, 11).
Que nuestra esperanza vaya también a aguardar la llegada final de Cristo, donde sean restaurados los cielos y la tierra en su justicia y en su gloria. Ahora es tiempo de esperar esta llegada del Señor, y ahora es tiempo de peregrinar hacia esa venida del Señor pero apoyados interiormente en la confianza de su gracia y de su misericordia, porque se nos ha dado un Niño, se nos ha dado un Salvador, se nos ha dado un Dios, que se ha hecho carne y habitado entre nosotros para salvarnos. Podemos esperar en paz y confianza.
Una de las obras propias de nuestra vida cristiana, especialmente en el Tiempo del Adviento, es la oración, que nos lleva a desear el pleno cumplimiento de la Palabra del Señor y a vivir con intensidad la vida de gracia. Con esa intención te invito a rezar, y si te animas a cantar, con uno de los himnos de Laudes del Adviento.
Ven, ven Señor no tardes
Ven, ven que te esperamos
Ven, ven Señor no tardes
Ven pronto Señor
El mundo muere de frío
El alma perdió el calor
Los hombres no son hermanos
El mundo no tiene amor
Envuelto en sombría noche
El mundo sin paz no ve
Buscando va una esperanza
Buscando, Señor, tu fe
Al mundo le falta vida
Al mundo le falta luz
Al mundo le falta el cielo
Al mundo le faltas Tú.