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La DPA celebra 10 años acompañando las misiones de Fasta

La Cath. Ofelia Giunta, primera coordinadora, recuerda los inicios de este espacio.

Entre los años 2013 y 2016, fuimos testigos de un crecimiento notable de nuevas realidades que nacían con el deseo de vivir el carisma de Fasta, tanto fuera de Argentina —Kinshasa, Quito, Cádiz, San José de Costa Rica y el resurgimiento de una comunidad en Brasil –  así como dentro del país, donde distintas jurisdicciones se aventuraban a fundar nuevos espacios, especialmente juveniles: Córdoba, con Ruca Malen y Lihué; Buenos Aires, con Ruca Brochero; y Chaco, que ya venía dando sus primeros pasos.

A estas expresiones carismáticas se sumaron también nuevos colegios de Fasta: Federico Ozanam, San Juan Pablo II y Carlo Acutis. Cada una de estas realidades tenía su propia historia e idiosincrasia. Era una gran alegría ver cómo el Espíritu suscitaba nuevos espacios que ampliaban el horizonte de la Ciudad.

Al mismo tiempo, atravesábamos un punto de inflexión en el crecimiento organizacional de Fasta, marcado por las implicancias eclesiales, políticas y sociales del pontificado del papa Francisco y su llamado a una “Iglesia en salida”, así como por el desarrollo cuantitativo y cualitativo de nuestra Ciudad.

En ese contexto, aparecía con fuerza el imperativo de encauzar institucionalmente el renovado espíritu apostólico de los milicianos como respuesta a la convocatoria de la Nueva Evangelización. También se hacía cada vez más necesaria la formación de los milicianos como discípulos misioneros, atendiendo especialmente a la misión privilegiada del laico como protagonista de la inculturación en los órdenes político, social, cultural y religioso contemporáneos.

Fue entonces cuando el Vicepresidente Ejecutivo, Lic. Carlos Rossini, vio la importancia de acompañar el entusiasmo y el desarrollo de cada una de estas realidades y evaluó la conveniencia de disponer de un órgano para tal fin. Así surgió la Dirección de Promoción Apostólica y Nuevas Fundaciones, como respuesta a las necesidades de estos primeros espacios y con la mirada puesta también en el crecimiento de Fasta hacia nuevos horizontes. Como órgano de gestión dependiente del Directorio, la DPA tendría la tarea de promover, acompañar y sostener de manera sistemática la fundación de comunidades que buscaran implantar el mensaje del Evangelio con un nuevo espíritu misionero, conforme al carisma y la espiritualidad de Fasta y a una renovada política institucional de fundaciones. 

La Presidencia de Fasta nos confió, para ello, una misión que comprendía varias tareas: el discernimiento, la evaluación, planificación y ejecución de las acciones destinadas a promover y sostener a los milicianos enviados en misión y a las nuevas fundaciones; el asesoramiento a las instancias de gobierno sobre la adecuación organizacional y jurídica de las comunidades fundacionales a las estructuras previstas en la Ciudad Miliciana, así como sobre la creación de nuevas figuras ad experimentum; la propuesta de designación de los milicianos enviados a constituir o acompañar comunidades; su adecuada formación y capacitación; más todas las cuestiones vinculadas con su envío, estadía y retorno. 

Pero, más allá de estas tareas, había un modo concreto de llevar adelante esta misión: estar cerca. El sentido profundo de la creación de la DPA fue acompañar, desde un rol fraterno y subsidiario, a aquellas comunidades que se encontraban en situación de fundación o “refundación” y que estaban en camino de consolidarse. Para ello, fue necesario acercarnos a quienes lideraban cada una de ellas, escuchar atentamente sus realidades y aprender sobre la marcha. Así, empezamos a trabajar codo a codo con otras direcciones de Fasta para conocer, visibilizar y dar respuesta a las necesidades concretas de cada lugar.

Fasta marcha por el mundo allí donde el Espíritu va abriendo caminos. En 2016 se abrió este espacio para estar al servicio de esa moción del Espíritu que funda donde quiere y como quiere. Esta misión nos enriqueció profundamente, porque nos permitió descubrir la belleza del carisma expresado en tantas geografías, culturas e idiomas. También significó un gran desafío: ampliar el horizonte de aquello que ya conocíamos para acoger nuevos modos de vivir ese mismo fervor.

Han pasado diez años desde que comenzamos este camino y quisimos recorrerlo con un gran compromiso, amor y entrega, sabiendo que es el mismo Señor quien siembra y da crecimiento. A nosotros nos toca cuidar y regar esa obra que viene de sus manos.

Hoy, miro ese camino con gratitud a Dios por la tarea que nos fue confiada y, sobre todo, por el crecimiento de nuestra Ciudad. Damos gracias por cada comunidad, por cada !a tus órdenes! miliciano, y por cada camino recorrido, con el deseo de que siga haciéndose realidad aquello que nos anima: “que nadie quede sin saber lo nuestro, que es una causa común de salvación”.

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