La tercera semana comenzó con un desvío oportuno. Había un pueblo que no estaba previsto en la ruta original. Con el P. Andrés conversábamos con cierta intriga sobre qué tendría este pueblo que, de alguna manera, se nos había forzado a visitar. El misterio se esclareció cuando nos recibió el párroco que tenía un cáncer de piel muy agresivo. Se movía con andador, tenía unos 50 años y una alegría que nos sorprendía y maravillaba. Él nunca nos dijo nada, nos lo contó el sacristán, pidiéndonos que no le toquemos la espalda cuando le diéramos el saludo de la paz porque lo lastimábamos y que no dijéramos que él nos había contado; aunque vale decir que era bastante evidente que alguna enfermedad grave tenía. Sobre el final de la misa, el párroco, pidió a su comunidad continuar con el propósito de la semana: “no quejarse”. A varios se nos ocurrió pensar en Brochero sobre el final de sus días, enfermo de lepra. Fue un hermoso testimonio sacerdotal.
Durante la marcha de la siguiente jornada inquietamos a los propietarios de varias hectáreas. Esto nos enteramos días después al terminar una misa, cuando una mujer, nos contó que en un grupo de WhatsApp de los dueños de los campos, al que pertenecía s hijo, habían escrito: “Atención; hay una Amarok blanca con un hombre de barba también blanca (léase P. Andrés) dando vueltas por los campos. Va un grupo a pie más atrás. Están sacando fotos. Probablemente estén reconociendo el lugar para robar”.
No era la primera vez en la historia que una mujer embarazada de un pequeño niño o la misma fe eran considerados una amenaza. Después aclararon en el grupo que era una peregrinación de unos curas que llevaban la Virgen.
Seguimos nuestro camino para ingresar en Marcos Juárez, tierras en las que se hace presente la vida de nuestra Ciudad Miliciana. Fuimos recibidos por miembros de la comunidad del Colegio Fasta Sagrado Corazón. Peregrinamos, cantamos, rezamos y comimos… La verdad nos sentimos en casa. En altas horas de la madrugada, saliendo de la ciudad, había un grupo de jóvenes en una plaza que comentaba: “¿Qué onda eso? Mirá, llevan banderas. Che, esa es la bandera del Fasta. ¡Si! ¡Es la bandera del Fasta! ¡Buen viaje chicos!”. Efectivamente estábamos en terreno propio.
La salida de Marcos Juárez ponía en el horizonte la expectativa de Leones. Se sumaban a nuestro caminar el P. Tomás Larrosa y el P. Matías Poccioni. Llegamos a Leones cantando la marcha “Peregrinos de Esperanza”. En el ingreso al pueblo nos encontramos un grupo de personas que agitaba pequeñas banderas argentinas y allí, juntos, cruzamos el arco de entrada que reza: “Sede de la fiesta nacional del trigo”.
El calor de Leones era abrazador. Durante la tarde compartimos una merienda cargada de anécdotas con milicianos de las primeras épocas de esa localidad y algunos otros venidos de Córdoba. Aparecieron también los padres de algunos seminaristas y el P. David Bertinetti junto a su mamá. Luego rezamos vísperas y celebramos la misa en la fiesta de la presentación del Señor. Al concluir la celebración el párroco dijo que era lindo que los sacerdotes y seminaristas llegáramos ese día de la presentación del Señor, porque le hacía pensar que un 7 de octubre, en ese templo, Fray Aníbal Fosbery presentaba Fasta a toda la Iglesia. Luego realizamos la bendición de una placa y cantamos marcha Ciudad.
Durante la imposición de la reliquia del Cura Brochero, luego de la misa, el tiempo se extendía; había mucha gente y los temas religiosos se acababan. En ese momento se acercó un grupo de abuelos de Leones y nos dijeron: “Por favor canten canciones de Fasta”. Allí comenzó una larga secuencia de canciones milicianas mientras se daba la bendición con la reliquia.
Durante la cena el párroco de Leones nos hizo un pedido formal diciendo: “Yo sé que pedir un colegio de Fasta acá es difícil. Además, ya hay uno en Marcos Juárez. Pero un ruca sería muy bueno. Sería muy bueno que vuelva Fasta de algún modo a Leones.” El pedido se intensificó cuando, al día siguiente, un par de papelitos de la caja de intenciones de la Virgen decían: “para que Fasta vuelva a Leones”; “por la refundación de Fasta en Leones”. Existe un hermoso recuerdo de Fasta en el pueblo. Algunas personas habían llevado foto viejas en las que salían con el Padre Fosbery.
Leones fue una confirmación del carisma por parte de la Iglesia. Las anécdotas, el pedido de cantar marcha y la intensa solicitud de volver, eran un modo de redescubrir el tesoro que se nos había confiado y del cual formamos parte.
El recorrido siguió. En un pueblo, un matrimonio fue el encargado de recibirnos. Dejamos la imagen de la Virgen en una parroquia y nos habían alquilado habitaciones de hotel. Nos llevaron a comer a su casa con el párroco. El afecto que nos manifestaban era desmedido. Recordamos aquel matrimonio de Aquila y Priscila que se menciona en los Hechos de los Apóstoles y que ayudaban a san Pablo en el apostolado y el cuidado de las primeras comunidades. Una situación similar se dió más adelante con un hombre a quien llamamos Zaqueo; asumió a su propio costo toda nuestra recepción. También nos llevó a un hotel. El alojamiento en hotel nos produjo cierta incomodidad los primeros siete segundos.
En Bell Ville, capital de la pelota de fútbol, repartimos unas cruces de cuero que, al salir de Luján un hombre me entregó en mano, diciendo: “Padre yo me dedico a sacar chicos de las adicciones y de la indigencia a través del fútbol. Les doy estás cruces hechas con cuero de las pelotas de fútbol que se nos rompen; entréguelas por el camino”. Cuando le mandamos el vídeo de los seminaristas repartiendo las cruces el hombre lloraba de emoción.
En nuestro caminar nos empiezan a hablar de otros pueblos pidiendo que pasemos. Consiguen nuestros teléfonos o nos hablan a través del Instagram. Algunos quedan de paso, otros debemos desviarnos mucho y nos terminamos disculpando. Cuando vamos leyendo las intenciones que deja la gente en la cajita de la Virgen descubrimos algunas que son conmovedoras. Dan ganas de recorrer los kilómetros de vuelta al modo de Emaús y abrazar a la persona que la escribió para, al menos, llorar juntos. Una señora fue invitada a dejar intenciones pero dijo: “Yo no sé escribir”, y otra que estaba a su lado le respondió: Decime que yo escribo por vos. Miles de pequeños detalles que inspiran, conmueven y nos dan ánimo para seguir adelante.
Sobre el final se sumó a.caminar el P. Francisco Lázzaro y nos visitaron el P. César Garcés y Alejandro Campos. Fue un hermoso encuentro para poder contar lo que habíamos visto y oído.
Aparecieron finalmente los primeros días de lluvia de toda la peregrinación. Durante esos días nos entrevistaron de la radio Cadena 3 y nos presentaron como la buena noticia del día: “Diez locos hermosos que caminan de Luján a Brochero.” Lo de locos puede ser. En la entrevista nos preguntaron cómo vivimos el tema de la lluvia. Les dijimos como una bendición porque en varios pueblos estaban pidiendo el don de la lluvia para los campos y nosotros queríamos rezar por las intenciones de los pueblos. Era un modo de confirmar la misión.
Si bien no han faltado pequeñas dificultades como caminar en medio de la niebla un largo trecho, tener que sacar a tiro la camioneta del barro porque se había empantanado, cruzar una zanja porque el camino se cortaba y desaparecía, la oración de tanta gente hace que nos sepamos bendecidos y cuidados. Experimentamos aquello del salmo 90: A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos.
Al concluir la tercera semana nos dirigimos a la estancia YUCAT de la Orden de la Merced para tomar dos días de descanso y luego continuar. El día que llegamos a la estancia el evangelio decía: Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.