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Porque encontré la paz en Arequito

Segunda Semana – Peregrinos de Esperanza – Seminario de Fasta

La segunda semana comenzó con el cruce del “Rio del Medio” en la madrugada. Dejamos atrás tierras bonaerenses para continuar nuestra marcha por suelo santafesino.

La Virgen de Luján que, según los historiadores, sabe de escapadas nocturnas a campo traviesa, nos acompañó en algunos atajos zanfado algunas tranqueras de campos privados bajo un manto de estrellas. A velocidad y sin chistar recuperamos la senda y continuamos la peregrinación.

En el recuerdo quedaba la comitiva del pueblo más pequeño que el día anterior había salido a recibirnos en “la rotonda”. La escena habría sido propia de un cuento rural de Guareschi, Gallardo o Borges. Cuatro personas que con ciertos dejos de formalidad salían a recibir un grupo de peregrinos que traían la imagen de la Virgen de Luján y que, según les habían informado, eran veinte personas que venían a caballo. Y no, éramos nueve, seis para ser más precisos porque tres hacían la logística ese día. Seis y de a pie. Los diálogos, el aspecto y contraste de los grupos en el marco geográfico de la inmensidad de la pampa habría inspirado a cualquier escritor campero para algún genero cómico, dramático o de terror.

En esta segunda semana los pueblos comenzaron a aumentar su fervor y número en la recepción. Se generaban pequeñas caravanas de autos detrás de la imagen de la Virgen que iba acompañada por nuestras banderas. En los curiosos que arrimaban sus miradas, la mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies, hacía realidad aquella pregunta del Cantar de los cantares que la liturgia refiere a María:

¿Quién es esa que surge como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, imponente como escuadrón a banderas desplegadas?

En Alcorta apareció el primer candidato a sumarse a caminar con nosotros hasta Brochero. Luego de expresar las bellezas y facilidades de lo que nos aguardaba, logramos que desistiera. El 26 de Enero, día en que muere el Cura Brochero, fuimos recibidos en la parroquia Ntra. Señora de Luján de Bigand. Los santos peregrinos que nos acompañaban de pronto se convirtieron en anfitriones. El evangelio de ese día rezaba: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan!

Unas imponentes pinturas sobre las bóvedas en el interior del templo nos dejaron con la cabeza hacia atrás un largo rato. Mientras unos tenían una experiencia contemplativa que los transportaba a la campiña europea, en el salón contiguo, una feligresa irrumpía cantando y bailando con estridentes agudos. En el climax de su verborragia prometía hacernos unas tortafritas que fueron calificadas por un niño del pueblo con la siguiente sentencia: “muy feas”. Cómo dice el refrán popular: los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

El pueblo de Chabás nos recibió en la parroquia san José. El santo patriarca junto al padre Hugo y su comunidad nos recibieron con mucha delicadeza y entusiasmo. Una comunidad muy viva que tiene adoración eucarística permanente. La adoración es una bendición para el pueblo y sin duda el secreto de la fuerza vital de la comunidad. Allí, al terminar la misa, un paisano agradecido porque el cura Brochero había curado a su esposa me regaló para los seminaristas una bolsa con tomates de su propia cosecha.

A esta altura se empieza a correr la voz de pueblo en pueblo. Hay confesiones intensas, las misas son casi todas a iglesia llena aunque sea día de semana y los párrocos nos dicen que personas que no ven aparecer por el templo se han acercado. El punto más alto de esta semana ha sido sin duda Arequito. Desde la planificación de la peregrinación era difícil concretar un alojamiento en esta localidad. El párroco no estaba y no podía recibirnos. Un grupo de feligreses se organizaron y decidieron que ellos iban a recibir a la Virgen aunque la parroquia no se pudiera abrir. Se juntaron en casas, organizaron reuniones, hablaron al jefe de la comuna y consiguieron alojarnos en un club, resolver las comidas y habilitar una pequeña capilla para la santa misa. Fueron a la televisión, a la radio e hicieron un flyer. Una verdadera pueblada que, ante el inminente crecimiento, la noche anterior decidieron hablar con el párroco y decirle que aunque él no estuviera, la parroquia debía abrirse. La misión fue confiada a la secretaria parroquial, experta en navegación de tormentas eclesiales, que con mano firme y hábil muñeca es capaz de girar el timón del Vaticano. La secretaria, confiada en su pericia y con una mirada de fe les dijo a las mujeres: santo Tomás quiere que la parroquia se abra y mañana se abrirá. El día siguiente: 28 de enero, santo Tomás de Aquino; el nombre de la parroquia: Ntra. Señora del Rosario.

Para nosotros, ese día era muy importante, no solo por la fiesta de nuestro patrono, sino también porque nos encontraríamos con la comunidad de Fasta Rosario. Ardía nuestro corazón por este encuentro, había sido rezado y teníamos gran expectativa. Era la posibilidad del seminario de abrazar la comunidad de Rosario y dejarnos abrazar por esta comunidad para continuar un camino de misericordia. La posta de Arequito del camino real era el lugar que invitaba al seminario a ponerse en camino y a la comunidad de Rosario a salir a su encuentro, para poder decir juntos: “porque encontré la paz en el camino”, como reza nuestra marcha.

Sobre las horas del mediodía nuestros peregrinos divisaron una imagen de santo Tomás de Aquino cargada por los milicianos de Fasta Rosario junto al jefe comunal de Arequito que los esperaban a la entrada del pueblo. Al encontrarse con la imagen de la Virgen de Luján, la imagen de aquel insigne hijo de la orden de predicadores itinerantes se elevó en andas sobre los sembrados de trigo que quedaban al costado del camino, mientras el dedo del santo se dirigía hacia al cielo señalando un sol refulgente que rememoraba su identidad de poeta eucarístico. La imagen era surrealista.

Fue una entrada triunfal entre pañuelos, bocinazos y vivas. El Jefe comunal cargó las andas de la Virgen y una señora llena de entusiasmo gritó desde la puerta de su casa: ¡Tengo la pava con agua caliente! Y presurosa salió a compartir un mate con los que llevaban la Virgen. La televisión y la radio del pueblo esperaban a la entrada de la parroquia Ntra. Señora del Rosario junto a un nutrido grupo de feligreses que aplaudía y vitoreaba. La secretaria parroquial al ver la imagen de santo Tomás entrando en la plaza dijo a las señoras que la rodeaban: ¡Les dije que santo Tomás iba a abrir la parroquia! Las puertas se abrían de par en par y sonaban las campanas de la Iglesia. A entrar en el templo fuimos acorralados por un par de sacristanas que nos dijeron: “¿Nos pueden dar sus albas? Nos dijeron las sacristanas del pueblo anterior que se las lavemos porque vieron que estaban sucias”.

Por la tarde pudimos compartir la merienda y algunas canciones con los milicianos de Fasta Rosario. Les entregamos una imagen del Cura Brochero y fuimos peregrinando juntos a la parroquia para tener un momento de adoración eucarística y celebrar la santa misa. Durante la adoración entonamos algunos himnos de santo Tomás al Santísimo Sacramento y nos quedamos esperando que la Sole Pastorutti entone el Tantum Ergo, pero esto no sucedió.

Los días que siguieron fueron muy bendecidos en el caminar y en las comunidades que nos recibieron. Pudimos visitar el Fuerte de san José de la Esquina. Un punto de referencia histórica muy importante en el camino real y en el cual se alojaron célebres personajes, entre ellos Mons. Mastai-Ferretti, futuro papa Pío IX. En Cruz Alta pudimos visitar un asilo de ancianos y descubrir algunas acciones pastorales que había llevado adelante el cura Brochero por esos pagos. Valga señalar el aumento del protagonismo de Brochero en esta parte del camino; mucha devoción y búsqueda del cura gaucho por parte de los feligreses.

Nuestros días se asemejan en sus dinámicas a los días de la comunidad apostólica. Caminar de pueblo en pueblo, contemplar la sed de Jesús en las personas, llegar a los distintos lugares y poder decir: la paz esté con ustedes. Seguimos en marcha buscando, encontrando y compartiendo la paz en el camino.

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