¿Qué genera en tí descubrir que Dios te convoca para una misión? ¿Qué sucede cuando una experiencia te muestra que la Ciudad es un don que hemos recibido? ¿Te imaginas una propuesta que te invite a evangelizar desde tu profesión y vocación miliciana?
Convocadas por la Dirección de Jóvenes, Gabriela Colombo y Paula Álvarez vivieron, desde diciembre hasta marzo, una experiencia de voluntariado en Fasta Valencia. Durante este tiempo, colaboraron en el Colegio Fasta Madre Sacramento y en el Ruca Mater Dei.
Poner al servicio la formación profesional
Gabriela, miliciana de la comunidad de Fasta Buenos Aires y técnica en Diseño Gráfico, se integró al equipo de Marketing del colegio, donde trabajó en la generación de contenidos. Por su parte, Paula, estudiante de Fonoaudiología, participó del área de orientación del colegio en las terapias de estimulación del lenguaje y acompañamiento en la integración dentro del aula.
Además, ambas colaboraron en el comedor, compartiendo el día a día con alumnos de nivel primario y jóvenes de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
“Esta experiencia me permitió vivir de manera concreta el ejercicio de una profesión que me apasiona, fortaleciendo mi vocación y brindándome herramientas valiosas para mi futuro como profesional”, expresó Paula.

Apostolado en los jóvenes
En el Ruca Mater Dei tanto Paula como Gabriela tuvieron como misión formar parte del comando de la Agrupación Juvenil que reunía a todos los jefes del ruca y a los jóvenes mayores de 18 años.
“Este era el día que más disfrutaba, porque empezábamos temprano preparando todo para recibir a los chicos; después compartíamos las actividades de la tarde, celebrábamos la misa con la comunidad y terminábamos siempre con una cena y juegos”, contó Gabriela.
En el ruca participaban de la planificación y el desarrollo de las actividades, así como en la elaboración y acompañamiento del plan formativo. Durante los sábados, ayudaban en distintas áreas según las necesidades, ya sea en las secciones o en diferentes departamentos.
“Este espacio fortalecía el sentido de servicio y comunidad. Comprendí que la vocación miliciana se vive más allá del lugar o de las circunstancias; que el carisma de Fasta trasciende nuestras comunidades y se vive del mismo modo en distintos lugares del mundo”, expresó Paula.
Tanto Paula como Gabriela se sintieron bendecidas porque providencialmente, antes de volver a Argentina, pudieron participar de un retiro con los jóvenes en el cual pudieron ver cómo Dios se hacía presente en cada uno de ellos.
“Escuchar sus testimonios y ver su obrar en sus vidas fue algo realmente muy lindo y movilizante de compartir”, destacaron.
De los jóvenes que conocieron y con quienes compartieron la misión, no solo se llevan aprendizajes, anécdotas y momentos vividos, sino también vínculos más profundos: lo que en Fasta se define como Amistad Miliciana.
“Me llevo en el corazón su sencillez, su alegría de ser jóvenes pero a la vez la profundidad y madurez con la que veían las cosas. Me llevo charlas profundas donde intercambiamos pensamientos e historias que marcaron nuestra vida. Me llevo testimonios de compromiso, entrega y amor por Jesús”, expresó Gabriela.

El abrazo de la comunidad
Las voluntarias fueron recibidas por la comunidad de Fasta Valencia, con quienes compartieron, entre otros momentos, el tiempo especial de la Navidad. Desde el primer instante, se sintieron parte: bienvenidas y en casa.
“Me encontré con una comunidad viva, llena de chicos y grandes que, semana a semana, se reunían alrededor de Jesús y del servicio”, contó Gabriela.
En estos meses de voluntariado participaron de las misas en comunidad, fueron invitadas a cenar con las familias donde se daba un encuentro fraterno y cercano. También estuvieron en los espacios de catequesis con los chicos y conocieron y compartieron encuentros de convivios.
Todos somos Ciudad
Las propuestas de misión, voluntariado y los encuentros entre comunidades permiten descubrir en profundidad el sentido de la Ciudad Miliciana. Así lo vivieron Gabriela y Paula, quienes, tras tres meses en España, aseguran haberse sentido en casa desde el primer momento.
“Me impresionó darme cuenta de cómo Fasta trasciende las fronteras: poder vivir lo mismo que vivo acá, pero en otro lugar, con otra cultura y otras formas, y aun así sentir que es esencialmente lo mismo. Sentirme parte desde el primer momento y descubrir que teníamos tantas cosas en común fue algo muy lindo y significativo. Esa unidad en lo esencial, más allá de las distancias, es lo que más me ayudó a comprender y vivir el sentido de Ciudad Miliciana”, expresó Paula.
La experiencia del voluntariado se presenta, así, como una oportunidad para abrirse al otro, tanto a la comunidad que recibe, como también al compañero de misión. En este sentido, Gabriela eligió una palabra para resumir lo vivido: compartir.
“Es una experiencia que te invita a salir al encuentro con el otro, a abrir el corazón, a conocer historias y a dar a conocer la propia. Es compartir la vida cotidiana, la rutina y los días con nuevas personas. Es también compartir más tiempo con Jesús, que se hace presente en cada momento, y descubrir que nuestro estilo miliciano se vive más allá de toda frontera. Es una oportunidad para, en ese encuentro con los demás y con lo que Dios tiene preparado, reencontrarte con vos mismo y con tu vocación miliciana/fasteana”, concluyó.
