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San Juan Pablo II

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Una de las primeras palabras que escuché en mi vida fue: ¡Juan Pablo! Tiene sentido, porque  ese es mi nombre. Desde chico, mis papás me contaron que lo habían elegido para mí por su gran admiración al Papa Juan Pablo II, a quienes bendijo recién casados.

A medida que iba creciendo, conocí distintas personas con este nombre, lo cual me llevaba a pensar: “¡Cuánto tiene que marcar un hombre a una generación para que tantas personas se llamen como él!” Pero di un paso más, cuando me enteré que muchos quisieron y quieren llamarlo “Magno”, cuantas canciones escuché sobre él, que lo aclamaban: “Juan Pablo, el grande”, por ejemplo, la de Tony Meléndez.

Quizá podés preguntarte, como yo aquella vez, por qué le quieren dar este adjetivo: porque tres veces casi murió y Dios lo salvó, por su historia de dolor y resurrección, por la duración de su pontificado, por su papel en la caída del comunismo, por sus 130 viajes siendo Papa, por la Teología del Cuerpo, por su fuerza carismática, por su amor a María, por su santidad… O quizá una agradable combinación de todas ellas.

Sin embargo, no perdamos la conciencia que él tenía, de que su papel era ser fiel, dejando que Dios haga maravillas en su vida. Recordemos a ese hombre arrodillado, rezando horas y horas desde temprano como tantas veces fue sorprendido en su vida sacerdotal, episcopal y papal.

Pero cabe preguntarnos juntos hoy, algo que me quedó pendiente ¿Por qué Juan Pablo II fue elegido patrono secundario de Fasta?

Siendo obispo, participó del Concilio Vaticano II. Luego, durante su pontificado impulsó el cumplimiento del Concilio, y uno de sus frutos fue la llamada Nueva Primavera de la Iglesia de la cual son parte los nuevos movimientos. Como afirmó en el discurso a los participantes del Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales, estando fray Anibal Fosbery escuchando allí: “vosotros, aquí presentes, sois la prueba tangible de esta «efusión» del Espíritu. Cada movimiento difiere del otro, pero todos están unidos en la misma comunión y para la misma misión.” (Juan Pablo II, 1998, n° 5).

Un año antes, en 1997, él había confirmado y reconocido a Fasta como Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio.

Podemos a su vez, encontrar en él algunos rasgos de su persona y magisterio que resuenan en el carisma de nuestra Ciudad Miliciana.

Su gusto por la creación. Como se ve patente cuando fue llamado a la nunciatura para ser nombrado obispo, y se encontraba en el norte de Polonia en un campamento de universitarios, o cuando se escapó del Vaticano para ir a esquiar.

Su convicción por la importancia de la inserción del laico en el mundo actual. Él, que había vivido la Segunda Guerra Mundial, y la presencia comunista en un país católico como Polonia, enseña en Christifideles Laici: “La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las actividades terrenas.” (Juan Pablo II, 1998, n° 10)

Su amor por los jóvenes a quienes con tanto fervor los motivaba a no tener miedo. No es casualidad que durante su pontificado hubo un aumento de vocaciones sacerdotales a nivel mundial. Incluso inauguró junto a Pironio las Jornadas Mundiales de la Juventud.

Su cuidado por la familia, como expresa en Familiaris consortio: “La Iglesia, consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y de la familia, trata de vivirlo fielmente.“ (Juan Pablo II, 1981, n°1). Quien había sufrido muy temprano la  pérdida de su madre, de su hermano y de su padre, protegía este don.

Su búsqueda de la inculturación de los pueblos -cuántas veces lo vimos vestido con atuendos del lugar que visitaba- lo llevó a promover la evangelización de la cultura, siendo esta la oportunidad de volver al origen, de cuidar la dignidad de la persona y de religarse con el Creador.

Me animo a pensar que nuestra pregunta ha tenido una respuesta aproximada, nos queda mucho por seguir descubriendo. Pero, hoy entendemos que Juan Pablo II es patrono secundario de Fasta porque fue promotor de los movimientos eclesiales y aprobó a Fasta como Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio. A su vez, porque predicó sobre el papel del laico en el mundo actual, promovió la evangelización de la familia, la cultura y la juventud, y su vida estuvo marcada por el aire librismo y el amor a la Patria. ¡Cuánto tenemos para pedirle, agradecerle y seguir aprendiendo de él!

Mil. Sem. Juan Pablo Martín

Oración oficial a Juan Pablo II (Cardenal Angelo Comastri)

¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia! Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Amén.

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